Por P.Z
I
En un programa de radio le preguntan a los invitados (cuando son escritores, filósofos, pensardores) si lo leyeron. La mayoría dice que sí. El Ulises de Joyce funciona como una barrera: quienes lo han leído integran un exclusivísimo grupo de intelectuales.
II
A los dieciocho años me ganaba la vida dando clases particulares de Química. Una tarde preparé a tres alumnos varias horas para un examen de diciembre. Con esa plata, me fui hasta la librería del barrio ?eran épocas en que todavía existía la librería de barrio? y me compré mi ejemplar del Ulises. Un libraco enorme y feo que me llevé orgulloso. Cuando llegué a casa y lo abrí, la extensa introducción decía más o menos que para entender a Joyce antes había que leer a Homero. Ulises, entonces, se quedó en el estante.
Leí a Homero en una colección que se vendía en los kioscos de diarios. Primero la Odisea, después la Ilíada. Las leí en desorden porque las publicaron en desorden. (El trío se completa con la Eneida de Virgilio, pero es otro libro que nunca leí ni leeré). Volví al Ulises y no entendí nada.
Entonces me recomendaron que leyera Dublineses y Finnegans Wake. El Ulises es muy árido: para leer a Joyce hay que prepararse. Leí los cuentos: todo bien. Seguí con Finnegans: recuerdo llegar a la página 200 y ni siquiera saber de qué iba el argumento. Frustrado, le di el Finnegans al que me aconsejó leerlo. Ahora es tu problema, le dije. Sé que todavía no lo leyó y de esto van más de quince años. (Tiempo después leí Obra abierta de Umberto Eco: las páginas que hablan del Finnegans Wake me las salté).
Para leer el Ulises siempre hay que leer algo antes. El Ulises es uno de los libros que nunca voy a leer.










