En el invierno de 2002 le hice un reportaje al periodista Rolando Graña para la revista Planeta Urbano, donde en ese entonces escribía free lance. Pero entre que ofrecí la nota en la revista y terminé de hacerla, el editor se fue a trabajar a otro país. El reportaje quedó guardado y nunca salió en otro lado. Hace unos días lo busqué y acá lo desempolvo hoy, cinco años después.
Graña habla de medios y de periodismo, pero también de su pasado. Estudió letras y trabajó en la primera época de Página/12 y El Porteño. Después se hizo conocido por la TV: primero en CNN como corresponsal y después como conductor del programa Punto Doc, en Cuatro Cabezas. Sobre el final de la nota cuenta cuando, ya de grande, se enteró que tenía un hermano 23 años mayor y lo fue a buscar.

?Soy de una familia de clase media baja. Quería ser maestro, docente. Estudiaba letras y en algún momento pensé en dedicarme a la literatura. Había intentado estudiar historia del arte, pero no había salida docente. Y después, a los 22 años, empecé a trabajar y ahí descubrí la calle. La calle es algo muy fuerte. Nunca quise ser oficinista?, dispara convencido Rolando Graña sentado en el mismo lugar donde minutos antes despidió a los oyentes del programa de radio que conduce cada mañana en La Mega. ?Siempre pensé que iba a trabajar toda mi vida haciendo periodismo gráfico. Y sigo pensando que lo que verdaderamente sé hacer es periodismo gráfico. Conozco todos sus vericuetos: la confección de una revista, la distribución, las imprentas. Todo eso me encantaba. Hasta que un día, casi de casualidad, me ofrecieron trabajar en tele. Yo les advertí que nunca había hecho tele, pero no les importó.
-Dijo que durante el último período en Página/12 fue un periodista ?desaparecido? dentro del diario. ¿Por qué?
-Era un desaparecido, sí. Empecé a trabajar a los pocos meses que salió el diario, en agosto de 1987. Estuve entre los fundadores en la mejor época. Trabajé ahí diez años, tenía treinta páginas a mi cargo y laburaba como un perro. A Página le entregué mi vida. Y al cabo de los años, por esas cosas tontas, de internas y pequeños enconos, se instala una suerte de estalinismo de tipos que manejan el diario con sus amigos y la gente que le cae bien. Y era absurdo, yo era corresponsal de CNN y creo, un buen periodista y durante un año nadie me pidió una nota. Por eso dije que era un desaparecido dentro del diario. Son esas pequeñas miserias que después prescriben y al cabo de los años uno termina perdonando esas canalladas. Esto que estoy diciendo fue en el año ´95.




