Quien en estas seis fechas ya haya visto varias trasmisiones del sospechoso «Fútbol para todos» se habrá dado cuenta de la nula presencia de publicidad privada durante los partidos y los entretiempos. Por el contrario, se habrá topado con una abrumadora cantidad de avisos de propaganda oficial que aparecen por minuto en zócalos y en los entretiempos. En sintonía con el vergonzoso nuevo spot de la AFIP protagonizado por el cínico personaje de «Don Carlos», el gobierno parece decirnos: «Noooo, el nuevo fútbol es para papito».
Casi todos esos avisos oficiales que vemos durante los partidos están destinados al proyecto de la Ley de comunicación audiovisual que impulsa el gobierno. Hasta el momento, ya pisando casi la primer mitad del torneo Apertura, al gobierno no le interesa demasiado recuperar algo de los $600 millones invertidos para comprar los derechos del fútbol. Asi las cosas, aquella promesa de Aníbal Fernández de que el gobierno «no pondrá un centavo» para transmitir «gratis» el fútbol tiene altas chances de pasar a integrar el selecto grupo de frases políticas poco felices de las últimas décadas (donde conviven «La casa está en orden» de Alfonsín con «el que depositó dólares, recibirá dólares» de Eduardo Duhalde, entre otras).
Si tomáramos al «Fútbol para todos» como ejemplo de la pluralidad de voces que el gobierno dice garantizar con la nueva Ley, el futuro no se presenta demasiado alentador. Veamos: se hace una utilización sin reparos de los espacios de un medio público (Canal 7) para bombardear sin descanso al espectador de un partido de fútbol con avisos que en su mayoría no son más que vacíos slogans («la ley te da el poder a vos») sobre un tema muy importante y central para el país como lo es la nueva ley de medios. Un zócalo mezcla la ley de medios con el fútbol «gratis y para todos», dando a entender que el fútbol gratis va de la mano de la nueva ley. Y lo de gratis, al menos por ahora, también es una falacia.
Avisos, claro, que sólo representan a una postura y a un pensamiento único. El del gobierno. ¿Y la pluralidad? ¿La diversidad? ¿Y las otras voces? ¿Dónde están, en un medio público (la Ley prevee más medios públicos) los discursos opositores? Suena ingenuo pedirlos, pero no si son ellos quienes nos prometen pluralidad.
A lo expuesto hay que sumarle los fondos públicos destinados a la producción y puesta al aire de esos avisos (filmación y edición de los spots, agencias creativas de publicidad como Braga Menéndez, agencias de medios, etc.). Y también el hecho de haber favorecido a una empresa desde hace varios años ligada al kirchnerismo, como lo es la productora La Corte, para la contratación (sin licitación previa) de la transmisión satelital de los partidos de cada fecha. El nuevo es para papito.
Pero para muestra alcanza con un botón: Hay unos spots (con la estética de YouTube) que se repiten una y otra vez en los entretiempos y entre partidos, que consisten en una fórmula vieja: famosos hablando a favor de la nueva ley. Figuran entre otros, testimonios de Víctor Hugo Morales, Ernestina Pais, Aliverti, Gustavo Garzón, Liliana López Foresi y Florencia Peña.
En uno de esos avisos aparecía opinando el periodista Juan Pablo Varsky. En el siempre interesante blog La lectora provisoria, el mismo Varsky comentó: «Mi testimonio en ese spot fue sacado, sin mi consentimiento ni consulta previa, de un reportaje que me hicieron en abril de este año para un sitio web. Incluso me preguntaron si estaba de acuerdo con que la TV abierta pasara Boca-Ríver en directo. A lo que respondí: ?si pagan los derechos, por qué no?. Hace cinco meses, nadie pensaba que la AFA iba a romper con Torneos. En el trazo grueso, estoy a favor de esta ley. Lo dije en abril y lo repito ahora. Pero lo que me hicieron es una canallada. Yo elijo cuándo, cómo y dónde opinar. Hablé con gente del COMFER y pedí que sacaran mi opinión de ese spot. Una cosa es lo que yo opine y otra es que me metan en un spot de publicidad oficial sin mi autorización. Me dijeron que esos spots los hace la Secretaría de Medios y que me quitarían del aire inmediatamente».
Lo que pasó con Varsky es apenas un ejemplo muy chico (pero no menos escandaloso) muy util para entender cómo el gobierno usa y abusa de los medios y sus recursos infinitos de pauta oficial para imponer como sea su discurso y sus objetivos.

