25 junio 2009

Allá va Michael

Hace casi dos años, cuando se cumplieron 25 años de la salida del famoso disco Thriller de Michael Jackson, escribí este post en el blog Retrovisor que hacía para Clarín.com. El segundo disco de «El rey del pop» (el primero fue Off The Wall) salió en 1984 y fue el más vendido de la historia de la música. Se calcula que lleva vendidos más de 105 millones de copias en todo el mundo, según el Libro Guinness de los Records. Además, obtuvo 8 discos de platino y 8 Premios Grammy, entre otros premios. La tapa:

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También será muy recordado el video de la canción Thriller (dirigido por John Landis) que fue un corto de más de 13 minutos, donde todavía negro y joven Michael se convertía en hombre lobo.

Las canciones:

1. Wanna Be Startin’ Somethin
2. Baby Be Mine
3. The Girl Is Mine (con Paul McCartney)
4. Thriller
5. Beat It (con Eddie Van Halen en guitarra)
6. Billie Jean
7. Human Nature
8. P.Y.T. (Pretty Young Thing)

Los que ya pasamos los 30, nunca nos olvidaremos todo lo que Michael nos hizo bailar al ritmo de esas canciones tan pegadizas. Seguro que muchos más chicos tampoco. La música de los grandes artistas como él nunca pasa de moda y atraviesa el tiempo. De grande volví a escuchar ese disco entero (que me supe de memoria) y entendí el porqué de tantas ventas y premios: su calidad es impresionante. El bajo del principio de Billie Jean, el ritmo de Don’t Stop ‘Til You Get Enough y aquellos campanazos de Beat It entraron a la historia por la puerta grande. Su música fue pionera al abrir la década pop marcando un camino con un ritmo frenético e impresionante.

Me acuerdo del boom que causó acá ese disco en 1983. Eran tiempos de la democracia, Alfonsín y en la TV no había otra cosa que Michael, con su estética personal que convirtió en ícono y sello: camperas de colores estridentes arremangadas, anteojos RayBan, un sólo guante, esos sombreritos caídos para un costado, los pantalones cortitos con zapatos negros y medias blancas. Era el pop! Con su talento y carisma, Michael arrasaba con todo. Se codeaba con el estrellato siendo muy chico. Se plantaba en los escenarios desde los 5 años, cuando bailaba con sus hermanos. A principios de los ´80 ya entendía como pocos el mega negocio del «entertainment» y el boom del video clip en TV, que ya empezaba a crecer como bola de nieve en todo el mundo de la mano de MTV y la televisión por cable.

Recuerdo al «break dance» de negros que daban vueltas en el piso, sus pasitos hacia atrás arrastrando los pies, sus movimientos robóticos. Flaquito y con una fragilidad de cristal, era un bailarín que giraba con la fuerza de un trompo y bailaba como si pesara 20 kilos y flotara en el aire. Muy lejos de sus mejores épocas, su declive artístico y creativo, su cara deformada por cirugías y enfermedades, sus juicios y sus extravagancias fueron las noticias que lo acompañaron durante los últimos diez años.
Casi sin darnos cuenta, hoy su muerte nos sacude el polvo de aquella infancia ochentosa cada vez más lejana. Aquella que volverá siempre que Michael pegue ese gritito. Tan suyo, tan de todos.

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