Es una fija. A pesar de que es un delito, la reventa masiva de entradas ya es parte del folclore y ocurre cada vez que hay un recital o acontecimiento importante. Sospechosamente, conseguir entradas de manera legal se hace cada vez más difícil (pocas entradas, colas interminables y Ticketek es un desastre) y, en cambio, cada vez es más accesible comprarlas en el mercado negro. Pero más allá de alguno que venda sus entradas para hacerse unos mangos, el curro disfrazado de oferta y demanda está organizado y profesionalizado a la perfección. Desde los empresarios y dirigentes hasta los sponsors y las empresas que organizan la distribución y logística, todos muerden sin disimulo. Mercado Libre ya es una de las paradas obligadas para aquel que busca estar y no pudo conseguir entradas en el circuito legal. Ahora que se viene la gran final de la Copa Davis, el sitio que alguna vez fue de subastas explota. Hay más de 40 resultados diferentes si uno busca la palabra «Copa Davis». Y, por supuesto, nadie de la empresa parece tener voluntad de impedirlo. Allí, los abonos para los tres días ya cotizan a 7500 pesos por persona (fila 2).
Otra vía para consegir entradas suelen ser los diarios, mediante avisos (que suelen ser muy caros) con teléfonos para coordinar la compra de entradas. ¿Quién paga esos avisos? Si la reventa es un delito, ¿no debería sancionarse la publicación de esos avisos? Las contradicciones y la doble moral de los medios (que pregonan una cosa periodísticamente pero comercialmente hacen lo contrario) se manifiesta burdamente en esta doble página de Clarín de ayer (click para agrandar):



