Aún a riesgo de que el tiempo y los resultados demuestren lo contrario, la designación de Maradona como director técnico de la selección fue lo mejor que le podía pasar en este momento al plantel. Y también a Diego, a punto de cumplir 48 años, ser abuelo por primera vez y en un momento donde se lo ve desde hace rato tranquilo, recuperado de su adicción a la cocaína y en paz con los suyos y el resto de la sociedad. No es un dato menor que hace muy poco tiempo -tres o cuatro años-, Diego cargaba su obesidad y su adicción encerrado en un psiquiátrico donde llegaron a atarlo para que pueda soportar la abstinencia a la droga. Su vida sigue siendo desmesurada e inesperada, impresionante y única. Y nunca se agota. Ahora le suma otro capítulo apasionante: al frente de la selección.
La AFA hizo justicia con la historia. Nadie hoy por hoy merece el puesto más que Diego. Y muchos dirán que hay muchos que merecen ese puesto (como Bianchi o cualquier otro de los que se barajaron estos días) tanto o más que Maradona porque ganaron más títulos como técnicos y dieron muestras de sobra de saber manejar planteles. Todo eso es cierto. Pero Grondona se dio cuenta de que hoy la selección necesita otra cosa, un golpe de timón, un motivador y un líder a quien respetar y no tanto título local acumulado.
Resulta paradójico el argumento de los que siempre se pararon en la vereda de enfrente de «los resultadistas» -y criticaron a Bilardo, un exponente confeso de esa filosofía, en contraposición a Menotti, supuesto dueño de un juego lindo por encima del resultado-. Estos alegan ahora estar en contra de Maradona como DT de la selección por su «poca experiencia» como DT y, en realidad, aunque no lo dicen abiertamente, exigen títulos. O sea, resultados. Piden como condición haber «ganado algo» como para obtener el carnet que habilitaría al premio mayor: la selección. Sin embargo, se olvidan -prefieren olvidar- que Daniel Passarella ganó varios títulos en River como director técnico, pero la selección bajo su mando fue un fracaso rotundo, tanto en resultados como en el juego mismo y en otros papelones olvidables (pelo largo, aritos y rinoscopías, el caso Cruz, la lona en Francia 98, etc). Tampoco el Coco Basile había obtenido grandes títulos antes de hacerse cargo de la selección, allá por 1991. Sin embargo aquel equipo del Coco fue un espectáculo durante tres años seguidos. Pekerman, de impecable trayectoria y personalidad, se cansó de ganar todo como técnico de juveniles, pero no pudo lograr nada con la mayor.
Muchos de los que critican su regreso de Diego al primer equipo como DT, lo hacen en realidad por una cuestión de piel, porque no soportan a Maradona, porque les cayó siempre mal, por bocón, por grasa, villero y vaya uno a saber qué otros tantos motivos. Pero no lo dicen y disfrazan su intolerancia con Diego con supuestas discusiones futbolísticas. Haga lo que haga, le pase lo que le pase, siempre se pararán en la tribuna de enfrente. Si está gordo y drogado, le exigirán ser ejemplo. Si se recupera y se lo ve bien, flaco y al frente de la selección, le irán encima porque «no tiene experiencia».

Lo cierto es que Diego se merece el puesto. Si no lo ocupó mucho antes fue porque no estaba bien y siempre -Grondona y él mismo- supieron que cuando se ponga bien, iba a tener su oportunidad. Ningún jugador hizo tanto esfuerzo por esa camiseta que hoy hace papelones cuando juega y casi ningún equipo respeta como antes. Nadie mejor que él puede manejar un vestuario con tantas estrellas como el del actual plantel simplemente porque nadie es más famoso que Maradona, nadie tiene tanta autoridad futbolística como él para poner y sacar a quien crea conveniente y tiene personalidad de sobra para bancarse cualquier planteo de los jugadores. Nadie mejor que él para descomprimir la presión de los Messi, Tevez, Riquelme, etc. ya que su sóla presencia en un mundial, centrará toda la atención de los medios y las miradas de la gente y le permitirá al resto del plantel tener un poco más de tranquilidad. A esa presión Diego ya está acostumbrado desde sus veinte años. Tiene espaldas de sobra y experiencia suficiente para manejar cualquier problema durante una competencia de alto nivel como lo es un mundial.
Por otro lado, Maradona -se sabe- es un fanático enfermo del fútbol, capaz de ir a ver un partido de la C, a Boca o aparecer en la tribuna del Manchester. Conoce el paño del fútbol a la perfección, no sólo el vestuario, sino también todo lo que rodea hoy por hoy al juego: dirigentes, plata, medios, empresas, clubes, etc. Debutó a los 16 años con la celeste y blanca y ganó todo lo que jugó. Siempre repitió: «La camiseta está por encima de todo y todos». Y así se portó siempre como jugador.

Por último, otro ingrediente. La selección -cada vez más alejada de la gente- recupera protagonismo, presencia y atractivo en todo el mundo. No solo a nivel prensa y repercusión mediática, sino también entre el público, los hinchas, la gente. Sólo con la noticia de su designación ayer, la gente se despertó de la modorra futbolística y ya hay una ilusión y se habla hasta de ganar un mundial. Diego renovó la esperanza sin que todavía su equipo haya jugado un sólo minuto. El mundo entero -y nosotros, claro- vamos a ver a Diego por TV cuando debute como DT y aparezca sentado en el banco de suplentes. La cancha explotará de hinchas como hace años no ocurre. Abajo, rodeado de fotógrafos, como siempre, el Pelusa habrá cumplido un sueño más. Ojalá que tenga suerte y podamos festejar un mundial de su mano, otra vez.




