Los lunes feriados son una bendición, una burbuja en el tiempo. Se diferencian de cualquier otro feriado porque tenemos a favor el descanso del fin de semana en nuestras espaldas y una semana corta por delante. ¿Qué mejor? Los lunes feriados son una mezcla extraña de sábado y domingo pero con una particularidad: si queremos, podemos no hacer abosolutamente nada y también casi todo lo que se nos ocurra. Dormir todo el día sin reproches de ningún tipo y aprovechar que la programación de TV y radio es igual a cualquier otro lunes no feriado. Por eso podemos espiar un almuerzo de Mirtha o -si la resaca de la noche anterior está presente- colgarnos con algún programa de chimentos durante la siesta. Podemos leer libros, diarios y revistas todo el día, salir a correr, o pasear por una Buenos Aires más tranquila y sin mucho tráfico, comer afuera, retomar ese hobby postergado o ver esa temporada completa de la serie del momento. Es probable que, ahora que lo pienso, el lunes feriado sea el mejor día de todos si tuviera que elegir uno. Por eso me pone contento haber empezado esta serie de post para el blog de Lays justo hoy. Ahora sigan con sus cosas, que yo vuelvo a la cama.
Aguanten los lunes feriados
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