Crítica de la película El sabor de la noche
por VB
Si mal no recuerdo, toda película es la historia de un viaje, aun si el protagonista no lo sabe. El sabor de la noche (My Blueberry Nights) de Wong Kar Wai cumple con esa obligación, pero por momentos le cuesta abandonar el vagabundeo para empezar a andar hacia alguna dirección. Sobre todo, le cuesta reducir el exceso de poesía filosófica y dedicarse plenamente a ser una linda historia.
Es, como el pastel de moras que come con avidez Norah Jones, un plato pequeño y pretencioso, pero al fin pintoresco. En definitiva, es una historia de amor de gente que no quiere caer en la cuenta de que es eso lo que les está pasando y no la tarta de manzanas que les cayó pesada. Todo sucede comida (y bebida) mediante, los personajes son enriquecedores (por una vez Natalie Portman no molesta con su sarcasmo) y el final es rutilante. Sin embargo, el que busque adrenalina amatoria caerá preso de una languidez casi borracha que alienta el cabeceo prematuro y la falta de apasionamiento. En pocas palabras, es un cuentito que llena (el alma y, a veces, la paciencia), si bien estemos muy concientes de que ese Jude Law no nos está esperando en cualquier bar de cualquier esquina.

