por VB
(Advertencia: esta crítica contiene algunos detalles del argumento)
Para algunos es difícil explicar por qué hay que ir a ver El fin de los tiempos, de M. Night Shyamalan sin caer en tontos fanatismos. Para otros es casi imposible desalentar su visionado sin apelar al repudio de la interpretación moral de la película o a la pregunta que todo espectador que ve se hace en algún momento y que sencillamente es: ?¿Qué onda?? Pero a mí me vino a la mente ese título al pensar que el último fin de Shyamalan es una lección no sólo para futuros cineastas, sino también para los más acérrimos arquitectos de tanques pochocleros que siguen creyendo que espectáculo equivale directamente a bombas digitales. El fin de los tiempos es buena (aún sabe como crear genuinas tensiones, es terror de vieja escuela), bonita (a Shyamalan le interesa dejarle algo distinto al cine de nuestros tiempos) y barata (no hay un mango invertido en generar toda esta paranoia mundial).
Al mismo tiempo, no deja de haber algo muy extraño que atraviesa toda la filmografía del director indio-americano y que aquí en particular se hace muy presente. Es algo irresuelto, inexperto o totalmente deliberado. Hay algo en la historia que es muy fugaz y literal y que lleva a pensar que podría ser un cortometraje o un cuento corto y fácil, hay algo en la amenaza que la vuelve absurda, hay algo en la moraleja que pareciera querer exceder lo ecológico y volverse sobre lo humano, como siempre, que es tan absurdo y digno de risa.
En fin, algo que nos deja con la sensación de que Shyamalan es un cineasta bizarro, pero más bien en la acepción castellana del término que es ?valiente?. Según la Real Academia Española: generoso, lúcido, espléndido. Manoj Nelliyattu Shyamalan es un tipo que hace lo que quiere y, por ahora (con más o menos éxito), lo sigue haciendo en las grandes salas.
Calificación: 8 eBlogs (sobre 10, por si alguien necesita aclaración)

