La película es prolija, cuidada. Un policial ambientado a principios de los ´50 -mientras Evita agoniza- con una típica historia de esas que recién se desatan sobre el final. Ricardo Darín encarna al Pibe Corvalán, un soltero que trabaja de investigador privado y que junto a su socio Santana -interpretado por un logradísimo Peretti- sólo le caen casos menores, aburridos y domésticos. Hasta que a Corvalán le cae uno grande de casualidad y se ve mezclado en una trampa que, aún conociendo su peligro, decide arriesgar hasta las últimas consecuencias. Jugar todas las cartas estimulado por una mujer ambiociosa (Julieta Díaz). Tal vez porque él no tenía mucho que perder y buscaba eso: rajar de esa vida solitaria y gris para encontrar un poco de aventura y otro poco de amor (que en definitiva, es lo que buscamos todos). El tango, las carreras de caballos, los autos, los trajes y todos se trataban de usted. Gran ambientación de una época que, aunque parezca, no pasó hace tanto.

La película, estrenada el jueves pasado, ya sumó buena cantidad de público. Al siempre éxito que asegura Darín -y su impresionante maquinaria mediática que logró verlo en tapas de diarios y revistas desde hace un mes- se le suma un buen elenco y un plus para ir a verla: la muerte de Eduardo Mignogna en pleno rodaje provocó que Darín tomara la posta y debute como director.


