17 julio 2007

Bolsa de gatos

Ayer Aliverti, en otro de sus ataques de oficialitis aguda, se preguntaba en Página/12 «¿No es curioso que se difundan, pegadas, denuncias de corrupción sobre dos mujeres funcionarias, justo cuando una mujer es oficializada como candidata presidencial? (…) ¿No es curioso que las denuncias e ?investigaciones? periodísticas recaigan, invariablemente, sobre funcionarios y perejiles?»

Una ministra de Economía y una secretaria de Medio Ambiente son perejiles para Aliverti. Pero horas más tarde, Felisa Miceli se fue del gobierno, acorralada por el escándalo de la bolsa de dinero encontrada en su baño privado. Jamás logró hacerle creer a nadie que había sido un préstamo familiar. El presidente Kirchner la respaldó publicamente hace pocos días. Pero ahora la llamarán a indagatoria, aunque es probable que el caso quede en la nada.
Lo cierto es que, de alguna manera, el periodismo vuelve a tomar el protagonismo perdido en los últimos años. El caso de la bolsa de Miceli lo publicó hace tres domingos Jorge Lanata en Perfil y la bola de nieve se hizo imparable. Y las investigaciones sobre la gestión de Picolotti aparecieron el domingo pasado en Clarín.
La ex ministra dijo ayer que no haría declaraciones, pero llamó a todos los medios -menos Perfil, claro- hace una semana para explicar lo imposible.
A tres meses de las elecciones, y sin una oposición fuerte, el gobierno se da el lujo de hacer otro papelón.

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