El diario Página/12 cumplió 20 años y el miércoles pasado organizó una fiesta en La Trastienda, donde por supuesto no fuimos. Pero sí estuvo una amiga de eBlog, quien bajo el seudónimo de «J», escribió a pedido esta jugosa crónica.
20 años no es nada
J. Agente secreta y cronista de fiestas, para eBlog
Página 12 festejó sus 20 años de existencia la semana pasada. Allí fuimos un grupete heterogéneo a levantar nuestra copa y brindar por otros veinte, como diría mi abuelo en un cumpleaños.
La Trastienda empezó a notar que algo sucedería en sus entrañas, pasadas las 11 PM. de un gélido día otoñal. Hay que tener un buen motivo para salir de casa e ir rumbo al evento luego de un día de trabajo. Fácil para los varones, un poco más complicado para las mujeres; igual el gremio no se caracteriza por su elegancia o detalle en esas cuestiones. El sitio, pensé, resultó de proporciones adecuadas para cualquier cosa que no quiera ser ni un fracaso ni un éxito rotundo. Allí estuvimos los mismos de siempre, solo que 20 años más viejos, más los famosos de turno y los psicobolches trasnochados de antaño.
Seré breve porque a las 2:40 a.m. ya estaba bien dormidita en mi cama, pero porque antes que yo ya se habían retirado casi todos. Sospecho, aunque alguna certeza también tengo, que los mini grupetes de amigos terminaron la fiesta en otro lado arranchándose por afinidades y vicios particulares.
¿Qué pasó?. Cuando llegué estaba ofreciendo sus palabras de apertura León Gieco. Entonces pensé que el trago que tomé para entrar en calor había oficiado de túnel del tiempo y que todo era una suerte de performance ochentosa. Habló Gieco pero no sé bien lo que dijo porque siempre tengo la sensación que dice lo mismo. Igual hubo aplausos y autoridades contentas y festejantes.
Me distraje unos minutos buscando caras nuevas o culos infartantes (aunque más me divierte quienes clavan sus ojos allí mientras simulan hablar acerca de algo serio). Muy poco. El progresismo parecería haberse detenido hace algún tiempo no sólo discursivamente: no había ninguna starlet del tv system con ropa indecente, nadie a quien el resto de las intelectuales envidiosas pudiéramos descuartizar con lengua viperina anhelando ser así de agraciadas. Nada. ¿¿Qué clase de RRPP armó esta lista de invitados, eh??.
Los políticos K, todos pasaron a dar las congratulaciones del caso a la plana mayor del pasquín, después de un día en campaña. Todos saben que no es bueno faltar a la fiesta de un diario, y no faltan, pero otra cosa es tener que aguantarse a Víctor Heredia cantando.
No es joda: cantó Heredia, su repertorio de denuncias y tristezas de toda clase y etnia imaginable.
-Ah, no! a mí me habían dicho que era una fiesta, es un embole. Dijo una redactora en voz más bien baja
-Sí, salgamos de acá un ratito
-Tas loca? Hace un frío de cagarse afuera! Le contestó su amiga resignada a la triste sonata pero gozando de la tibieza ambiental.
Heredia es raro. No sólo tiene aires de diva (lo vi entre bambalinas algunas veces y por momentos creo que se cree Ava Gadner) sino que alguien debería sugerirle que abandone ese tono betún de tinte capilar. Pelo teñido y peinado con el brushing de hace 20 años!!.
-¿qué hay de comer?
-Nada, ya pasó la bandejeada ?no hay más
-Tengo hambre y me estoy emborrachando.
Ambos editores aprovecharon la ocasión para irse a la pizzería cercana en busca de algún alimento que compensara el efecto etílico que padecían.
Mientras los miraba irse pasaron frente a mí el grupo más divertido del diario y me susurraron al oído algo que sonó como música celestial.
-Está Juan Forn, divino, viejito pero plácido y siempre más bello, allá adelante?andá, miralo un ratito hasta que volvamos, nos vamos a comer algo!.
Ford, Juan Forn. Debe caer bien en la mitad de la vida huir de la locura urbana y refugiarse en el bosque gesselino. Ford está hermosamente envejecido, rodeado de toda la joven trova radar.
-Ah!!, llegué a exclamar mientras lo miraba, vanidoso hablar y hablar delante de esos atentos mancebos.
-Ah! Juan Ford!, quisiera ser tu Heidi gesselina?
-Pero no pude seguir en esa línea de pensamiento, la más interesante de la velada porque cuando me descuidé noté que Heredia seguía cantando. Clavado en el escenario con cara de nada, lo escucho clamar ?tengo mi esperma urgente??
-Oh dios!, sonamos!
Pero no, parece que era parte de una canción nomás. Buscaba yo alguien conocido y entonces lo vi. Otro más, pensé; éste va en la misma colección donde pondría a Juan Forn: Alan Pauls. Vivi, su mujer, lo custodiaba a prudente distancia.
-Ella es muy fea y mala para él, pensé, como si estuviera eligiendo parejas barbie. No pegan.
-Sí, los dos son talentosos ? recapacité: una no quiere ver un hombre lindo y pensar que le gustan las boludas, feas y malas. Siempre es mejor que los varones deseados sean perfectos aunque elijan a otra.
A esas alturas estaban volviendo mis conocidos, se estaban yendo las personas del mundo político y quedaban algunos actorcitos y los escritores y cantantes.
– qué fuerte está Fanego!- exclama una joven y bella redactora
– pensé que iban a comer!,¿qué tomaron?, es un espanto!, parece un cadáver de hippieviejo!!
– a mí me encanta, me vuelve loca ese tipo de viejito apendejado y entusiasta. Seguro que te trata mejor que uno de éstos- dice señalando un grupo de jóvenes actores progre ya tan borrachos que no podían sostenerse.
En ese momento pasé justo delante de un parlante y casi pierdo un oído. Último número vivo de la noche: los Durabeat, obviamente imitadores de los muchachitos de Liverpool. Ahí pensé que era momento de partir, salir del túnel del tiempo y volver al 2007, incluso a fuerza de reconocer que para mí también pasaron 20 años. Me conformé con pensar que esta fiesta estuvo mucho menos delirante que la de los 10 años, aquella donde hubo borrachos graciosos, drogas en el baño, parejas gay con desparpajo. La corrección política y el tiempo acabaron con lo que fue la primavera alfonsinista definitivamente. Ahora es todo más sano pero aburrido.
A todo eso justo cuando pensaba retirarme el DJ empezó a torturar al poco público presente con la música que encanta a bienpensantes cucurtianos: cumbia!!!!
Estaba por poner un brazo dentro del tapado cuando casi quedo como Scioli (ausente) gracias a la invitación al bailongo de un gracioso artista plástico local:
-dale Reina, no te vayas!, sacudámonos al ritmo del trópico!!
Cuando recuperé estabilidad y lo desabroché de mi cintura, mirándolo a los ojos le dije:
-Bailaría, sí, pero vine con los zapatos equivocados, y ya soporté a Víctor Heredia de pie como una militante, disculpame?
-Daaallee?.
-No!, dale vos. Yo me quiero ir. Bye
Cuando miré hacia atrás el tema lo resolvió muy gratamente (para ellos dos, seguramente) el curador del prestigioso museo. Ávidos de sacudirse, los muchachos, se fueron metiendo en el baile refregándose un poquito en el camino. ¿Se habrá formado una pareja?.
Periodista deportivo de anteojos me robó el primer taxi que paré. Dí besos a cualquier desconocido, sin llegar nunca ni a saludar ni a despedirme de mi amadísimo Juan Forn.
El segundo taxi me lo robó conocida periodista de contratapa ocasional, acompañada por una pareja de actores.
-¿cómo volvés?
-en taxi, si no me lo arrebatan primero ?
-dale, te llevamos !subí..
-ay, bueno, gracias Vivi
Yo siempre lo supe, mi soñado amor no elegiría jamás una guacha. Lo miré todo el viaje hasta que me dejaron en la puerta de casa, ella manejaba y él la miraba con una ternura delicada. Ah!, pasaron 20 años. Brindemos por la larga vida de Página 12. En serio: salud!, es un espacio que con pros y contras, sigue siendo necesario.
