Veía en el noticiero Telenoche a una veintena de artistas haciéndose los emocionados cantando a coro «Hey Jude» para pedir que se acabe la pobreza y el hambre. Se me cruzó la imagen de la histérica de Elton John exigiendo que su camarín cuando vino a tocar en Buenos Aires esté pintado de rosa y otras pelotudeces por el estilo. A la loca de George Michael vestido todo de cuero, a los Pink Floyd tocándo después de odiarse con batallas judiciales millonarias y ni dirigirse la palabra. La diva Madonna dándole un piquito a la negra que se salvó de morir desnutrida gracias al Live Aid anterior. El reloj de «la chica material» costaba casi 200 kilos de comida nutritiva. Un recital para los pobres que sólo pudieron ver y disfrutar los ricos. Ninguno de los chicos desnutridos en Africa jamás podrán siquiera soñar con comprarse una sola canción de cualquier grupo de los que tocó el sábado.
Como casi siempre, los medios (sobre todo la TV) fueron funcionales «al reclamo contra la pobreza» e inundaron de mensajes vacuos sin reflexión alguna de lo que significa para la sociedad la problemática del hambre. Nadie intentó ni amagó a explicar, por ejemplo, porqué los argentinos sufren desnutrición muy lejos de Africa, apenas a metros de la Gral. Paz; y los motivos por los cuales miles y miles de chicos van al colegio solamente para que le den el plato de comida diaria. Escuchar al conductor de Telenoche decir: «El mundo se unió a través de la música en un gesto que vale más que mil palabras» y varias frases del estilo «Por una utopía».
Dejensé de joder. Nadie de los que cantaron el otro día tiene idea de lo que es el hambre, y a la mayoría de los que vieron el recital por TV sólo les importaba el show musical, lo impresionante de tantos buenos artistas en escena a la vez, «la onda» de Madonna, el carisma de Robie Williams y la vuelta de Floyd. Yo me incluyo, por supuesto.
¿A quién verdaderamente le impota en serio el hambre en el mundo?
Al minuto de lo visto en Telenoche, cansado de tanta hipocresía barata, cambié a CNN y vi la noticia del japonés Takeru Kobayashi, que se convirtió, por quinto año consecutivo, en el devorador de hot dogs más rápido del mundo. Pero no logró batir su propio récord de ingerir 53 salchichas y media en sólo 12 minutos (ver).

