Ya contamos las diferencias entre New York y Buenos Aires en conectividad Wi-Fi. Ahora es el turno de las revistas de papel. Se sabe que el mercado de revistas norteamericano es enorme. Hay revistas para todos los gustos. Hasta de artritis. Y es común entrar a un negocio que sólo vende revistas y encontrar, por ejemplo, más de 30 títulos diferentes sobre el cuidado del cuerpo y sus derivados (fisicoculturismo, nutrición, fitness, etc.).
Pero más allá de la cantidad, lo que realmente marca una diferencia con nuestras publicaciones es el sistema de suscripciones. En los Estados Unidos, suscribirse es fácil, rápido y barato. Tanto que, charlando con periodistas argentinos (Matías me ayudó con este post), me comentaron que es una tentación no suscribirse todo el tiempo a diferentes publicaciones.

La suscripción anual a la conocida The New Yorker es de u$47 por igual cantidad de números (es semanal). El precio de tapa, si uno la compra en un puesto callejero, es de u$4.99. Si uno elije suscribirse por dos años, el número mejora aún más: u$77 por 94 números.
Otro ejemplo. La suscripción a la revista Good es más modesta, aunque todo lo recaudado va destinado a una institución de bien público que el suscripto elije. El precio de tapa es de u$4.95, pero la suscripción por seis números es de u$20.
Y para suscribirse a la prestigiosa The Economist hay que desembolsar un poco más: u$79 y u$89 por año, dependiendo si uno se suscribe con renovación automática o no. La suscripción de Time Out (competencia de New York Mag) sale u$20 al año. Sobran los ejemplos.
En cambio, en nuestro país, y a diferencia de Brasil, las suscripciones casi no existen. Los motivos son bien diferentes, pero todos tienen un mismo destino. El gremio Sociedad de Distribuidores de Diarios, Revistas y Afines (SDDRA) es muy poderoso y no permite que las editoriales hagan sus negocios sin ellos. Porque cuando un lector se suscribe, le paga directamente a la editorial que publica esa revista y esta la envía al suscriptor por correo.
Por eso, si una revista vende bien (de 10 mil para arriba) y decide aumentar demasiado su número de suscriptos, se verá en problemas. A modo de advertencia, los canillitas empezarán a exhibirla menos en sus kioscos (lo que genera menos ventas) o directamente, a modo de boicot, no la exhibirán. También hay castigos mucho más pesados. Los que deciden en las revistas, jamás hablarán de esto publicamente.
Otro de los motivos son los costos, ya que acá es imposible llevar el precio de cada ejemplar a costo cero, como sí ocurre en los Estados Unidos. En nuestro país, el precio del papel está dolarizado. También influye la bancarización, ya que es más engorroso suscribirse acá con tarjeta de crédito que afuera, donde sólo hay que tirar un cheque con el importe de la suscripción en cualquier buzón y listo. Y además, tenemos como contra a la desconfianza que implica pagar por adelantado. «La gente cree que la revista va a cerrar y no le van a devolver la plata», me dijo un editor de una importante publicación local.
Una de las ventajas a las suscripciones es que el pago del lector es todo junto y por adelantado, que permite saber exactamente a cuánta gente llegará esa revista. Este dato es fundamental a la hora de vender publicidad. Porque la revista X va a un posible anunciante a principios de año y le dice la cantidad exacta de suscriptores. El anunciante sabe que todos los meses del año su publicidad será vista por una cantidad determinada de lectores. Eso no ocurre en nuestro país, donde las centrales de medios generalmente pautan a ojo y por intuición, sin preocuparse demasiado en sus costos por contacto y los resultados.
Otro dato: aún con el cambio 3 a 1, resulta más barato leer The New Yorker que Noticias, por ejemplo. Si estás suscripto a la revista norteamericana, pagás 1 dólar (3 pesos) por cada número. Noticias sale en la calle $7,90 y casi no tiene suscriptores. Según cifras oficiales, el Grupo de Revistas La Nación (Rolling Stone, Lugares, Living, Brando, Cinemanía, etc.) vende un promedio de 65 mil revistas por mes y tiene, apenas, un 20 por ciento de suscripciones. Pero hay algunas excepciones. El 90 por ciento de la revista de negocios Gestión llega por suscripción.

