11 febrero 2014

¿La pelota no se mancha?

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Ayer desde 678 y diferentes medios oficialistas le dieron duro y parejito a Tinelli. Desde Victor Hugo Morales y Hebe de Bonafini hasta Ricardo Forster y otros ignotos periodistas. Le dijeron de todo, desde «emblema del menemismo» hasta «siempre estuvo con todos los gobiernos». Nora Veiras fue más punzante y preguntó lo que no se preguntó la semana pasada: ?¿Como un vicepresidente de un club podría haber sido el encargado de Fútbol Para Todos? Hubiera sido desastroso?, dijo con un falso alivio.
Tinelli es todo eso y mucho más. El problema no es quién es Tinelli, sino cuándo se dicen estas cosas. Días atrás, esa misma gente, ni mu. Pero después del viernes, la orden fue clara y tajante: reventar a Tinelli en los medios. Y allí fueron con la palabra como espada y sin ponerse colorados. Obedientes.

Y todo porque se cayó el acuerdo con el Futbol Para Todos. Vale aclarar: acuerdo impulsado por el mismo gobierno días antes. Bonafini fue clara: «el FPT está para hacer política». Dijo lo que todos sabíamos y los que los defensores kirchneristas siempre negaron bajo la excusa de que el FPT era «cultural» y un derecho para los que menos tienen, etc. Como si eso (cultura, pobreza) no fuese política. Pero lo que hizo Hebe fue poner en palabras concretas lo que significa el FPT: política. Una herramienta para propaganda oficial, para difundir los logros del gobierno. Es decir, un espacio kirchnerista.

Tal vez lo más triste de todo el episodio FPT-Tinelli fueron las palabras de Hebe. No por falsas o mentirosas. Sino por reales. Y porque a partir de ahora, ya nadie podrá referirse al Mundial ´78 como un triste símbolo de utilización política de la dictadura sin mencionar al actual Fútbol Para Todos. «¿Y qué tiene de malo lo que hizo la dictadura con el Mundial 78 si, como dijo Hebe y el gobierno, el fútbol está para hacer política?», argumentará alguien. De un bocado, Bonafini se comió una porción grande de la torta del discurso progresista dejando en evidencia una estrategia típica de la comunicación fascista: la utilización del deporte como instrumento de distracción masiva. En una frase, acabó con un argumento que fue muy útil durante décadas para entender el perverso accionar de nuestra dictadura. Argumento que sirvió para entender ese accionar y por ende, para intentar que los gobiernos democráticos no lo repitan. Intento ya en vano.

Pero a pesar de lo que diga el gobierno, el hincha de fútbol no le interesa. Porque no hace nada para que los hinchas visitantes puedan ir a la cancha. La violencia generada por las barras crece a la par de las deudas de los clubes. Incluso a pesar de que el gobierno a través de la AFA les paga cada vez más dinero por los derechos de TV. El gobierno no controla a ningún dirigente, todos apañados por Julio Grondona. 

Si al gobierno le interesara el fútbol como «derecho cultural» hubiese hecho algo hace ya varios años, pero nunca lo intentó. Promovió, negoció y fue cómplice de las barras (apenas un ejemplo: en el mismo partido de River contra Boca ambas barras desplegaron mismas banderas al mismo tiempo con la leyenda «Clarín miente»). Ahora, antes de empezar el torneo, la AFA ratifica la prohibición para los hinchas visitantes. Una norma «por las dudas». Cuando todos saben que los hinchas comunes visitantes no son los que causan problemas. Las barras son el problema de la violencia.

No tengo ningunda duda: el FPT existe por la pelea del gobierno contra el Grupo Clarín. Todo argumento restante es falso, forma parte de la construcción del famoso «relato oficial». Quien quiera creerlo, que lo crea. Pero no es mi caso. Al hincha de fútbol se lo defiende asegurándole poder ir a la cancha a ver a su equipo y volver con vida, no sentándolo frente al televisor.

A pesar de lo que sostiene Víctor Hugo, el gobierno con el FPT y la AFA están destruyendo al fútbol. En el año del Mundial donde la Selección Argentina tiene al actual mejor jugador del mundo y con grandes chances de salir entre los cuatro primeros puestos, nuestro país juega al fútbol con las canchas vacías. Con los estadios en pésimo estado y con los clubes fundidos. Con partidos que arrancan en invierno los domingos a las 21:30 sólo para quitarle rating a un programa político que denuncia la corrupción del gobierno. ¿A quién le interesa el hincha? Deberíamos sentir vergüenza ante el mundo.

El (no) acuerdo entre Tinelli y el gobierno desnudó varias cosas. La más obvia es el sinceramiento de Bonafini al decir que el FPT es un instrumento para hacer política. Ya lo sabíamos. Pero ahora es oficial. Y no por eso menos triste. No ya los goles. Ahora nos secuestraron el fútbol entero.

También desnudó el poder de influencia de Máximo y La Cámpora sobre Cristina. Y dejó al descubierto la cruda interna que hay en el gobierno (Capitanich quedó pintado). El último mensaje claro que dejó el caso es obvio pero no por eso menos sorprendente: o estás con nosotros o sos el enemigo y te mandamos a masacrar por nuestros soldaditos. En apenas 24 hs. Sin disimulo ni vergüenza.

El caso Tinelli-FPT no es el primer caso (ya pasó con el Papa Francisco y varios casos más) pero no debemos acostumbarnos a esto. No debemos dejar que sea algo normal.

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