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Gran polémica se armó en las redes (TT en Twitter, etc) con este «chiste» de la tira que el dibujante Gustavo Sala publicó en Página/12 de hoy. De muy mal gusto, el chiste ofendió a muchos porque bromea con los campos de concentración del nazismo e incluso con los jabones. Lo que intentó ser una parodia o una metáfora, terminó siendo lo contrario. Sala cruzó un límite y quedó mal parado. No es por el tema de su chiste (el nazismo, los judios, Hitler, el holocausto, etc.), sino por cómo lo encaró. Si quería tener una mirada sórdida e irónica sobre el tema, no lo logró. Y ahí está el error más grave que cometió el autor. Si te metés en el humor negro, no podés fallar en tu objetivo. Si decidís salir del marco de lo establecido y lo convencional y animarte a romper moldes, tenés que hacerlo a la perfección. De lo contrario, las consecuencias del pifie son nefastas, como en este caso. El chiste no hace reir, no causa gracia y hay que hacer un esfuerzo enorme para entender que tal vez el autor intenta hacer una metáfora entre el nazismo y el mundo de la música electrónica y el negocio que gira a su alrrededor. Demasiado ofensivo para decir tan poquito.
Los dejo con Miki Vainilla, el personaje facho y nazi creado por Capusotto. Humor negro del bueno.

