Ayer, durante una conferencia de prensa en la Biblioteca Nacional, el cantante Sandro presentó su último disco de poemas (!) y cantó con la Negra Sosa (foto). Pero además, el ídolo habló de… la piratería musical. Su jefa de prensa Nora Lafón -o alguien que más o menos sepa mandar un email- debería haberlo asesorado mejor porque el autor de innumerables éxitos patinó y feo. Dijo que antes le daban un disco de oro cuando vendía un millón de discos, que él tiene diez de esos. Pero que ahora te dan uno de oro cuando vendés 20 mil. «¿Donde están los 980 mil discos que faltan?». Se quejó de que con el avance de la tecnología ya nadie compraba discos y que todo empezó con la «doble cassetera» (sic). «Ahí dije: muchachos, sonamos». El Gitano dijo, también, que SADAIC no luchaba contra la piratería como corresponde. «Tengo que defender una industria. Soy un obrero (!) de la música que le da trabajo a muchísima gente», reflexionó.
Pero no contento con los groseros errores conceptuales cometidos en apenas dos minutos, Sandro arremetió: «El otro día leí en una nota sobre la piratería publicada en un matutino, que un músico decía «a mí no me importa que bajen mi música». Con todo respeto, quien dijo eso no vendió más de 200 discos en su vida», mientras sus «nenas» aplaudían, extasiadas.
Sandro se refería a «Música en libertad», la nota que escribí sobre la piratería, publicada en la revista VIVA hace dos domingos (24 de septiembre). Pueden leerla completa acá. Y el músico que dijo eso fue Antonio Birabent. También opinaron otros músicos, como Daniel Melero y León Gieco y Julián Gallo, dedicado a los nuevos medios y la cultura digital y un abogado especialista en derecho informático que afirmó que bajar música no es delito.
Dejando de lado el grosero error de Sandro al mezclar la supuesta poca cantidad de discos vendidos por Birabent para justificar su enojo por la bajada de música, sería interesante que el tema se debata con seriedad.
Sería muy útil que alguien que sepa le explique a Sandro dónde están esos 980 mil discos que le faltan, por qué ya no los vende más y qué pasó con la economía del país desde ese millón de discos (´60 y principios de los ´70) a los veinte mil -con suerte- que hoy vende. Sería interesante que Sandro averigue cuál es hoy el ingreso promedio de un trabajador, a cuánto asciende la desocupación real y cuántas crisis soportó la gente que lo sigue y lo escucha. Y por qué la industria no quiere -o no puede- bajar de $30 promedio los discos. Y de paso cañazo, que averigue cuántos millones ganaron durante todos estos años -sin mover un dedo- los dueños de la discográfica que editó sus discos. ¿O ellos también pueden decir que son»obreros de la música»?
Carcamanes.
Cuando se habla de «la crisis de la música» me acuerdo de los chinos que dicen que crisis significa oportunidad. ¿Porqué entonces no la aprovechan? Por ineficiencia o por desidia. NO LLOREN MAS porque dan verguenza ajena. La culpa es de ustedes y de nadie más. Es su negocio, no el de la gente que escucha música.
Por suerte este debate insufrible sobre la «piratería» durará poco. Más temprano que tarde, el negocio de la música será digital y ganarán los que tengan que ganar y, el resto, tendrá que ponerse a trabajar.

