Además de la nota sobre el iPad, en Newsweek habrá un artículo sobre los comentarios en la Web, escrita por Pablo Perantuono. Para una columna de esa nota, me pidieron que contara mi experiencia con los famosos comentaristas de eBlog y así lo hice:
Un mal necesario
Como a Messi sin la pelota, como a Charly sin su bigote bicolor, como a Cristina sin su marido, es imposible imaginarme a eBlog sin sus comentarios ni sus comentaristas. Desde que arranqué con eBlog, a principios de 2005, me di cuenta que los comentarios serían una parte fundamental y clave del blog. Ellos le aportan vida, frescura y debate. Son el motor y la nafta de un auto que sigue andando por las rutas de la Web participativa.
Por eso, cuando me pidieron estas líneas, se me ocurrió trazar con brocha gorda las características de algunos estereotipos que comentan cada día en eBlog:
1) El anónimo:
Es aquel que, sin dar a conocer su identidad, paradójicamente me exige a gritos coraje y valentía. No se anima a dar su nombre ni apellido, pero reclama ética y valor en los temas tratados. Para él, todo tema es comparable con la ?Carta abierta a la Junta militar? de Rodolfo Walsh, aunque el post se trate del último botín de Tévez y o el adelanto de la tapa de una revista con una señorita sin ropa.
Parapetado detrás de un sobrenombre, aprovecha para insultarme y/o atacar con violencia a otros comentaristas. En general sin demasiada fundamentación, sus comentarios son críticas virulentas. Nunca elogios o felicitaciones. Nada de lo que publico le sirve ni alcanza y, sin que nadie se los pida, asume el rol de defensores de pobres y ausentes. Siempre exige que denuncie la dictadura de los monopolios y me ocupe de los más castigados por el sistema capitalista liberal.
También suele decir, desde el primer mes de vida de eBlog, que el blog ?ya no es lo que era? y jura, en vano, no volver nunca más.
Aclaración: Varias veces entré con otro nombre a participar de algún debate. Yo también tengo derecho a ser un comentarista anónimo, opinar y si es necesario, insultar a los demás.
2) El adulador:
Todo lo que publico es maravilloso, me felicita y me alienta a seguir. ?No les des bola a los que te atacan?, suele ser su consejo. Son muy fieles e incondicionales y siempre firman con su nombre y apellido. También escriben mails para decirme lo mismo que ya pusieron en los comentarios. El adulador suele ser pesado y a veces logra que me ponga del lado del anónimo y me insulte a mi mismo.
3) El Nerd:
Es de los que dicen ?Zanoni no sabe nada? cuando publico información sobre tecnología. Se olvida que soy periodista (no ingeniero o programador) y que no me interesa si el nuevo celular trae dos megas más que el modelo TX5HJ anterior. No está mal que otro periodista se interese por esos temas técnicos, por supuesto. Pero yo prefiero pensar y mostrar a la tecnología desde otro lado y apuntar a la gente que no sabe tanto, que es, sin exagerar, la gran mayoría de mis lectores. Ellos necesitan contexto e información.
El nerd siempre quiere demostrar lo mucho que sabe y generalmente aprovecha para publicitar su blog. Comenta textos imposibles con palabras en inglés y piensa que Bill Gates y Steve Jobs son unos pichis, productos del marketing y los medios. Son pesados.
4) El creativo
Suele ser muy gracioso y siempre tiene un chiste en la manga para con el tema del post o para responderle a otro comentarista. A veces se pasa de pesado, pero su intervención le aporta frescura y diversión a eBlog. Busca trabajo en agencias de publicidad o como guionista para programas de TV.
5) El periodista frustrado
También suele ser anónimo. Trabaja a sueldo en redacciones de diarios y/o revistas y está cansado de su trabajo, que consiste en publicar con desgano gacetillas aburridas o declaraciones de algún famoso de turno. Odia a su jefe. Sabe que el papel tiene los días contados y que se le va el tren. Por eso algunos tienen su propio blog, pero como no recibe visitas ni publicidad, se desmotiva y lo deja de actualizar. Cuando comenta en eBlog, da grandes clases de teoría de la comunicación y ética periodística. Materias que rara vez aplican en su labor diaria. No es pesado, pero sí gordo. Odia a los bloggers.
No borro ni censuro comentarios, salvo que sea muy zarpado, ofenda a otros o me pueda traer problemas legales. Por culpa de permitir la libertad en los comentarios, tuve que sentarme en la justicia. La viuda de un famoso sindicalista (que usaba horribles camperas de cuero), se indignó por las opiniones de la gente en el post que escribí cuando su marido paró para siempre. Frente al juez, tuve que dar una clase gratuita sobre nuevos medios, libertad de expresión y Web 2.0.
Aunque rara vez conozco en persona a los comentaristas más famosos de eBlog, con muchos entablé una relación por mail. Desde el comentario, es posible conocer gente muy inteligente y capaz. Incluso varios de ellos escribieron algún que otro post en eBlog como invitados.
Es imposible predecir la cantidad de comentarios que un post va a recibir. Pero la experiencia me llevó a saber que los post que más producción y tiempo me llevan hacer, son los que menos comentarios reciben. Por el contrario, el post simple (una foto, una tapa o una pregunta) recibe una catarata de comentarios. La tapa del libro ?Perdón María Marta? sobre el caso García Belsunce (del periodista Pablo Duggan) ya recibió más de tres mil comentarios, incluso de gente allegada a María Marta.
Los comentaristas son una avalancha de gente que rara vez se escucha y se mueve como una ola en el mar: A veces lenta, a veces chupa con fuerza, a veces rompe con ruido. Pero siempre vendrá otra por detrás para volver a empezar.

