El gobernadr de Salta, Juan Carlos Romero, su hijo Juan (junto a su mujer, Diane), Cristian Romero, sobrino del gobernador salteño y su novia, la ¿modelo? Karina Jelinek. El ministro de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires, Antonio Eduardo Sícaro (del cículo íntimo del gobernador Felipe Solá). El ex intendente Carlos Grosso y su mujer, Karina Alonso Pineiro. Jorge Brito (h), hijo del N 1 del Banco Macro. El ex embajador norteamericano James Cheek. El ex embajador argentino en México Oscar Gallé. El camarista Pablo Gallegos Frediani.
¿Qué tienen en común estas personas? Todos estuvieron bailando entre los 550 invitados que asistieron al descomunal casamiento de María Eugenia Ritó el sábado pasado en La Rural. Pero no por ser amigos de la vedette, sino por su relación con su flamante marido, el abogado Marcelo Salinas. Todos disfrutaron de una fiesta de más de medio millón de pesos, organizada por la weding planner Puli Demaría y su equipo. Con la ambientación afrancesada de Martín Roig y el lujoso catering de EAT (a $200 por persona). «Estoy viviendo el sueño de una princesa», le dijo Ritó a los medios, emocionada, mientras se bajaba del Cadillac descapotable amarillo modelo 51, que la llevó hasta La Rural.
Pero ¿a qué se dedica Salinas para costear semejante casamiento?
Salinas es un millonario abogado salteño de 46 años, divorciado dos veces y padre de tres hijos. Es el apoderado legal de la empresa estatal Sociedad Anónima del Transporte Automotor (SAETA), que recibe al año un subsidio de más de $20 millones por parte del gobierno de Romero.
También, durante la segunda presidencia de Carlos Menem, Salinas tenía 15 quilos más que hoy y era asesor de Gabinete de la Secretaría de Transporte (que dependía del Ministerio de Economía).
Uno de los testigos del casamiento por parte de Salinas fue César Perla, quien fuera íntimo amigo de Carlos Menem Jr. Según el libro «Junior – Vida y muerte de Carlos Saúl Menem (h)» del periodista Alejandro Margulis, en marzo de 1995, Perla acompañó a Junior en sus últimas horas, antes de que se matara con su helicóptero junto al fallecido automovilista Silvio Oltra, en Ramallo, provincia de Buenos Aires. Pero Perla no subió al helicóptero, sino que fue por tierra en una 4×4 junto a Oscar Barcelona, uno de los custodios de confianza de Carlitos. De esa manera, casi de casualidad, salvó su vida y pudo estar, diez años después, bailando en el casamiento de la Ritó, mezclado entre modelos, champagne, actrices, vedettes y funcionarios públicos.
Como un perfecto revival de una época que se resiste a desaparecer.






