Author Archives: Lalo

About Lalo

Periodista. Fundador de eBlog y tercerclick, agencia de nuevos medios. Tres libros. Escribo en El Cronista y revista VIVA. about.me/lalozanoni

9 diciembre 2006

Música country

La muerte de Nora Dalmasso en el country privado de Río Cuarto mostró, una vez más, las hilachas del periodismo y los medios. Una vez más, la cobertura mediática del caso obliga a plantear la necesidad de un debate sobre la vida íntima de las personas, lo público y lo privado, el dilema de informar todo o dejar algo para la intimidad de la familia, si corresponde buscar el amarillismo que siempre vende, etc. Los medios ya hablaron de, entre otros temas íntimos, las posiciones sexuales de la víctima al momento de morir y mostraron en primer plano los mensajes de texto «eróticos» que su amante le había mandado días antes de ser asesinada.
El crímen tiene todo lo que un buen thriller debe tener: sexo, dinero, morbo, infidelidad, poder, hipocresía y, por último, una muerte que cada día que pasa se hace más difícil de esclarecer.
En un interesante artículo de Miguel Wiñaski en Clarín sobre el tema mediático del crimen, la doctora en comunicación Stella Martini introduce en el debate la figura del machismo y sostiene que la condición femenina de la víctima es clave para entender el ensañamiento de la prensa y la sociedad en general. Dice Martini: «En algunos países el adulterio femenino se castiga aún hoy con la lapidación. En el nuestro también. El amarillismo propio de la noticia policial suele encontrar su límite en el respeto debido a la víctima y al pudor del público. Pero las crónicas sobre la muerte de Nora Dalmasso cruzaron el borde de lo que se puede decir para exponer a la mujer infiel a los fuegos de la mirada pública. Condenada sin posibilidad de ejercer su defensa, la víctima muere una y otra vez obscenamente frente a nuestros ojos».
Por su parte, Marta Dillon escribió en Página/12 sobre el tema medios y la privacidad de la víctima.

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9 diciembre 2006

Que te recontra

Catherine Lewan, una usuaria del programa Kazaa que en su momento fue demandada por la RIAA (y condenada) por usar ese programa para compartir archivos en Internet, ha demandado a su vez a la empresa del Kazaa ya que el programa «se vendía prometiendo descargas gratuitas, estaba diseñado de tal manera que ponía una carpeta para compartir archivos con otros usuarios de Kazaa sin que avisara al usuario de tal cosa y además instalaba un spyware que hacía que esa carpeta se siguiera compartiendo incluso si se desinstalaba el programa».

Vía Barrapunto.

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8 diciembre 2006

Martín Caparrós – Parte 2

Ahora Caparrós habla de El Interior, su último libro de crónicas que escribió durante sus viajes por las provincias argentinas. También, analiza un poco el país que tenemos.

«Hace mucho que intento de distintas maneras de contar la Argentina, de esta manera. Y esta era la manera la más obvia, la más apropiada, la más directa de saber qué es la argentina: agarrar un coche y empezar a recorrerla. Tener mucho tiempo para escuchar, para mirar, para recordar, para pensar».

«Empecé en el 2004 y viajé durante 2005. Tenía un plan muy general, arrancar para el norte y el litorial y subir por el río Uruguay y bajar por el Paraná, pero los detalles se iban armando sobre la marcha. Fueron cinco salidas largas, que después terminó en un relato entero. El final del libro es una vuelta a Bs. As. y recuerdo la impresión de que cada vez que volvía era la sorpresa por la magnitud de Buenos Aires. En las provincias hay ciudades grandes que se entra por autopista, lo que sea. Pero cuando llegás acá por la panamericana empezás a ver que todo es mesurado, seis carriles de coches, construcciones, movimiento y ruido. Te das cuenta de la diferencia fuerte de una manera en que por lo general no lo notás estando acá adentro. Era de alguna manera redescubrir esta ciudad. Fue aprender a mirar para después contar lo más difícil, que es la manzana de mi casa. Eso que es tan común, tan habitual? poder mirarlo con los ojos un poco descentrados».

«Es casi un chiste. Ahora vivo en una casa rodeado de cuatro calles con nombres de provincias. Y me mudé del barrio donde siempre viví, en el mismo momento que salía el libro. Casualidad curiosa».

«Es difícil sintetizar qué es el interior. Para empezar es algo muy distinto de lo que solemos pensar los porteños cuando imaginamos el interior del gaucho en su caballito, el coya o el hachero misionero, etc. El 80 por ciento de la población del interior vive en ciudades.
Me acordaba de alguien de Resistencia en Chaco, en un aviso en el diario una persona pedía alguien del interior para servicio doméstico. Pero del interior de la provincia! Siempre hay un interior».

«Cambios hubo por todos lados. En Buenos Aires también en los últimos veinte años. A mi me llamó la atención también. Traté de armar las variables socioeconómicas del interior si fuera un país y resultó que el PB poer cápita no era tanto menos que el de bs as. Yo en principio hubiera pensado que sí lo era, pero no. Y esto es porque la pobreza es cada vez mayor en el gran Buenos Aires y nos vamos para abajo cada vez más, no? Y además se solía pensar que Buenos Aires era el centro de la argentina y el espacio más moderno y de avanzada social y culturalmente que marcaba el rumbo del resto del país. Y por momentos ahora me pregunto si no es al revés. Aquello que solían ser las características del interior, son las que ahora están entre nosotros aquí».

«Sería bueno saber hacia dónde vamos, como país. El hecho de que la Argentina pasó de un proyecto industrial a retomar su viejo rumbo agro exportador… eso hace que ciertas regiones del interior hayan tomado un peso mucho más fuerte en nuestro país. La zona sojera por ejemplo, tiene mucho más poder hoy en la argentina que hace 20 años y eso hace que ciertos sectores de la argentina tengan más poder que antes. Hay unos cambios raros, ¿no? Todavía no se manifiestan muy claramente».

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Parte 1
Parte 3
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7 diciembre 2006

Habla Martín Caparrós

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Esta es la primera de tres entregas de una larga entrevista al escritor, historiador y periodista Martín Caparrós, considerado uno de los mejores cronistas del mundo. Fue en su casa durante una mañana primaveral, a fines de septiembre, entre jugo de naranja, cigarrillos y, por supuesto, Caparrós vestido de negro.
Nos juntamos a charlar con la excusa de su libro El Interior, que en ese momento acababa de salir. Pero terminamos hablando de blogs. Antes pasamos por la crisis actual del periodismo gráfico, los sueños setentistas y los de ahora, algo de literatura, su libro, sus años en Francia cuando estudiaba historia en La Sorbona, las crónicas y el mito del periodismo argentino, la euforia en la vuelta de la democracia…
Los párrafos serán puestos casi sin preguntas y en orden de temas. Hoy, Caparrós hablará del lenguaje y su método para trabajar los textos.

«Trabajo con un grabador. Cuando escribía crónicas solía ir escribiendo en una libretita, y en un momento descubrí que llamaba mucho la atención si me paraba en una esquina y anotaba. Y que ahora llama mucho menos la atención un tipo que habla solo por la calle que uno que anota. Entonces voy grabando. Pero grabo casi el texto final, no es que tomo notas. Escribo oralmente.
-Como Borges, que como no podía escribir, dictaba
-Salvando las inmensas distancias. Él lo hacía porque era ciego? quizás yo también, andá a saber».

«En general no escribía en la computadora. Usaba el grabador. Hay un trabajo muy fuerte de edición. Crea una forma de escritura extraña? una escritura en el lugar y en general la escritura es posterior a lo que uno está viendo. Y es curiosa esa manera de trabajar. Escribir in situ, digamos».

«La mayor parte de los testimonios son grabados porque sino me hubiese sido difícil reproducir el habla con ciertos detalles y me parece muy importante. Editar lo que alguien dice me parece siniestro y es una costumbre muy propia del periodismo argentino. Y yo nunca entiendo porqué lo hacen. A mí me pasó muchas veces que me encuentro, me veo en publicaciones diciendo palabras que yo sé que no digo. Yo sé las palabras que elijo. Sé si voy a decir hospital o nosocomio. Y sin embargo a veces me veo diciendo palabras como nosocomio. Y me parece curioso porque yo creo que los periodistas deberían entender que las palabras que uno dice me parecen tan importantes como las supuestas ideas que uno trata de transmitir con estas palabras. Sin embargo los periodistas se creen libres de poner cualquier palabra en boca de cualquiera; de traducir lo que alguien dice a un lenguaje supuestamente? mejor ¿será? Me impresionó mucho. Es como si en una foto a mí me pusieras pelo rubio, ¿no? ¿Por qué?»

«El grabador muchas veces lo llevaba en el bolsillo de la camisa, fundamentalmente para que no interfiera en las charlas, no con el objetivo de engañar a nadie. Lo curioso es que los periodistas le cambian las palabras a la gente cuando las transcriben pero después mucha gente, cuando habla con un periodista, trata de hablar en ese lenguaje que los periodistas le inventan a la gente. Entonces ahí te cierra el círculo. ¿No viste que en la televisión cuando le preguntan a cualquiera por la calle sobre un delito, la gente habla como la policía? Es un delirio».

Parte 2: Caparrós habla de El Interior y el país.
Parte 3
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6 diciembre 2006

¿Richard Gere con Moria Casán?

Chiribí-chiribí-uuu, uuuu. El año que viene Moria Casán filmaría en San Luis la película «Spartacus», basada en la historia del famoso cabarulo para gays que regenteaba su actual amigovio, Luciano Garbellano. ¿El actor que la acompañaría? Richard Gere. Sí, sí. Leyeron bien: Richard Gere, el actor de Mujer Bonita, Chicago, Mr. Jones y Otoño en Nueva York, entre otros éxitos. Estén atentos que parece que ya está todo encaminado y sólo falta el OK del actor norteamericano.

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6 diciembre 2006

Periodismo curro

Cuando en 1998 Jorge Fontevecchia, el dueño de la editorial Perfil (Noticias, Caras, Hombre, Semanario, Luz, Weekend, etc.) decidió de la noche a la mañana cerrar el diario Perfil, una de las razones que dio fue que los lectores no estaban preparados para semejante diario. O sea, que la culpa era de los lectores, que no supieron ni quisieron estar a la altura de semejante medio. En resumen, que los lectores no sabían leer.
Ahora, con el diario Perfil versión reload en la calle otra vez desde hace un año, Fontevecchia le pide plata a esos mismos lectores para paliar las finanzas de un diario injustamente discriminado por la pauta oficial del gobierno de Kirchner. Se la pide a través de donaciones a un invento bautizado «Fideicomiso Contra la Discriminación con la Publicidad Oficial» (ver), que ya recaudó $37 mil que se usan para donarles espacios a instituciones de bien público, que pautan sus avisos sin pagarlos.
Debe ser uno de los pocos casos en el mundo en que una empresa privada (con utilidades, ganancias, etc.) le pide dinero en efectivo a sus consumidores aludiendo problemas económicos (que por otra parte, no tienen. Noticias vende más de 40 mil ejemplares por semana y es la revista más vendida en su rubro). Imaginemos si mañana Coca-Cola sale a pedir dinero para que siga existiendo el producto y las ganancias por esas ventas se las llevan los dueños de Coca-Cola. La inaudita idea, salvo en varios blogs (Del 1/2, etc.), no fue ni criticada ni comentada por ningún otro medio importante ni periodista de peso. Tal vez el corporativismo sea una de las pocas instituciones que todavía se respetan en el país.

Sorpresivamente, el último domingo el diario pasó a valer un peso más de lo habitual. De $3,70 pasó a $4,70. Un aumento del casi 30 por ciento. Las razones, explicadas por Fontevecchia en un artículo, fueron, entre otras, las mismas del fidelcomiso: que, a pesar de que vende el doble de ejemplares que cuando salió hace un año, al diario no le cierran los números por culpa de que el gobierno no le pone pauta oficial y, además, presiona para que otras empresas no pauten en el diario. Razones todas lo suficientemente graves para condenar al gobierno, por si hace falta aclarar.
Pero además, en su artículo, Fontevecchia toma un compromiso con el lector. Dice que el precio volverá a bajar cuando el diario reciba pauta oficial. Y también, que todo el dinero recaudado por ese peso extra pasará a engrosar la cifra del Fideicomiso.
Insólito. Un consumidor, cliente, usuario o como quieran llamarlo se puede sentir estafado (y más en este país) cuando, de la noche a la mañana, tiene que pagar más por lo mismo. Pero cuando la estafa intenta venir disfrazada de un acto altruista y heróico, se convierte en cinismo y en una burla que ofende. Siempre me molestó que me tomen por estúpido, aunque lo sea.
Los empresarios, del color que sean, deberían respetar más a quienes les dan de comer día a día. Algún día deberán aprender.

Pero hay más. Desde hace unos días, en el sitio de Perfil hay un banner (ver foto) que invita al usuario a convertirse en «Columnista por un día». «Su opinión cuenta. Suma diversidad y pluralismo», dice el anuncio, que invita a quien quiera hacerlo, a enviar un texto (eso sí, que no supere los 1700 caracteres) para que salga publicado en Perfil.com. A cambio de nada.
De todos los curros de los últimos años, este debe ser uno de los mejores. Perfil.com se asegura así una cantidad de contenido gratuito (bueno, malo, excelente, da igual la calidad) escrito por quienes, ingenuamente, creen que ser columnista por un día de un sitio famoso será la llave para una brillante carrera. Pocos de los que manden sus textos sabrán que sus «columnas» no sólo están reemplazando a las de los periodistas que trabajan de esto y deben cobrar por hacerlo. Además, están siendo usados de la peor manera: mintiéndoles. El debate sobre el llamado «periodismo ciudadano» está pendiente, sin dudas. Y cuanto antes ocurra, mejor será. Pero pedir contenido gratis a cambio de la «fama» que otorga un medio conocido es, por lejos, una estafa y no tiene nada que ver con ese movimiento periodístico que hace furor en el mundo, surgido espontáneamente a partir de las nuevas tecnologías.
El periodismo, sobre esto, volvió a callar. ¿Qué dirían todos los soñadores de un Watergate de cabotaje si una conocida marca de zapatillas le pide a la gente convertirse en diseñador de zapatillas por un día y no sólo no paga por eso sino que, además, fabrica esas zapatillas diseñadas por un amateur y gana millones? ¿Y si esa empresa mañana le pide a la gente ser «costureros por un día»? El escándalo mediático sería incomparable.
Pero de esto que hace Perfil, no se habla.

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Vergonzozo. Sobre todo porque -a diferencia de otros medios y periodistas bien corridos a la derecha- esta movida proviene de alguien cuya editorial siempre aseguró estar alineada con la justicia, los derechos humanos y la ética, entre otros destacables valores. Decir una cosa y hacer otra. El doble discurso ideológico, siempre, es más peligroso porque decepciona más, porque deja sin respuestas ni esperanzas de que las cosas pueden mejorar, aún con la certeza de que difícilmente mejoren.

Por todo esto que escribo (y mucho más, como los patéticos sueldos que cobran los periodistas que hacen día a día los productos de Perfil) no compro más Perfil. Como lector y como periodista, tengo la obligación y el deber de escribirlo, porque creo en el slogan de Perfil: Periodismo puro.
Pero fundamentalmente escribo esto porque estoy convencido de que los llamados «nuevos medios» irrumpieron en la escena mediática para que las cosas sean -muy, algo o poco- diferentes. Y tener un blog es, también, poder decir lo que uno quiere.
Guste o no, estas son las nuevas reglas del juego.

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5 diciembre 2006

Dos libros

Mañana y pasado se presentan dos libros periodísticos. La entrada para ambos es gratis. Uno es el nuevo de Luis Majul, «Confesiones Argentinas. Un viaje por el alma de las personas que admiro» (Editorial Sudamericana), que recopila las entrevistas que el periodista hizo en el programa «Hemisferio derecho» de Canal a. Presentará en El Ateneo Grand Splendid (Santa Fe 1860) el periodista Jorge Fernánez Díaz (autor de Mamá y Fernández). A las 19:30 hs.

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Por otro lado, el jueves, el periodista Gonzalo Sánchez presenta «La Patagonia vendida» (Editorial Marea) en el Espacio Prometeo (Malabia 1720, en Palermo) a las 20 hs. Dialogarán con el autor Daniel Malnatti, Luis Delía y Gerardo Rozín. El libro ya agotó la primeda edición y es muy recomendable. Hace poco, Sánchez habló con eBlog.

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5 diciembre 2006

El ataque ochentoso

Los ´80 están de moda. Tanto en los medios como en la ropa, la música y las artes, entre otras disciplinas. Una de las razones podría ser que la generación que se crió en los años ochenta (nacidos entre 1973 y 1980, aprox.) es la que hoy está en la plenitud de la vida, la franja que más consume y la que usa Internet en su día a día desde hace ya varios años. Por eso (y para suerte de los nabos como yo que se emocionan con un Billiken) en la web hay tanta cantidad de sitios nostálgicos que homenajean los años ´80 (libros, juguetes, programas y series de TV, música y cualquier otro objeto fetiche), pero no tantos que recuerden otras décadas más antiguas. Lo mismo ocurre en los sitios de subastas, que explotan de artículos y objetos propios de esa década.
Por otro lado, los ´80 están cargados de íconos y símbolos con una estética muy particular. Elementos en su mayoría importados por la cultura norteamericana, que en su afán por distanciarse del comunismo, introdujo sus productos y su cultura en los hogares de países ignotos como el nuestro. La lista podría ser interminable, pero es imposible no nombrar a Michael Jackson y el video clip de USA for Africa, Madonna, Mc Donalds, las remeras con frases, el Simon, las Nike Air y las series de TV (División Miami, Brigada A, El auto fantástico, ALF, Blanco y Negro, Mc Gyver, Invasión extraterrestre, etc.), He-Man, el boom de los videos clips de la mano de MTV, la aparición del CD, Volver al Futuro… Una serie de elementos que hoy son «retro» pero que calaron fuerte en la infancia de los que hoy tenemos 30.
La tecnología ya mostraba la cola. En 1981 IBM creo la PC y años después, de la mano de Bill Gates, nació el Windows. También los jueguitos electrónicos (los de mano de Nintendo y los fichines tipo Pacman, etc.), la Commodore 64, la Spectrum y el «coleco» hicieron furor. Empezaba la era digital.
Y un dato fundamental para entender todo esto: de la mano de la TV, en los ´80 explotaron los llamados «mass media» y todo comenzó a globalizarse. Por eso pasamos de cuatro canales a 60, vimos en MTV lo que pasaba con la música y los videos clips, a CNN transmitiendo en directo desde cualquier lugar del mundo, en ESPN cualquier deporte, etc. Todos vimos en vivo la explosión del Chalenguer, el casamiento de Lady Di con el Príncipe Carlos y la caída del muro de Berlín.
Una década bisagra, sin dudas.

Y por supuesto que aparecen las marcas y el marketing actual, que en pos de seducir al target que hoy acusa treinta y pico, impone la moda retro en sus productos, su estética y su comunicación. Viene New Order y Madness y Matías Martin hace bailar a todos cada viernes con su «ataque ochentoso». Adidas, Nike y hasta las empresas de celulares copian la estética ochenta para hacer su negocio. Volvieron las Pony y las Flecha.
Vean en esta buena nota, el análisis del periodista Luis Guerri (especial para La Nación) sobre lo que ocurre actualmente con el revival ochentoso en la publicidad.

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Links ochentosos:
The ´80 Server
80sNostalgia.com
La Coctelera
Aquellos años ´80
Los 80s Live Spaces

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