Segunda parte de la entrevista al periodista Marcelo Larraquy, autor del libro ?López Rega, el peronismo y la Triple A? (Aguilar), cuya edición corregida y aumentada aparecerá en las librerías el próximo 16 de abril.

-Cuál fue el rol de los medios en el accionar de la Triple A y sus métodos de represión en los tiempos previos al golpe?
-La prensa era una víctima. Las restricciones del gobierno de Perón y de Isabel a la prensa, a la cultura, eran muy duras. Había censura de películas, se incautaban libros. No se podían publicar informaciones de agencias de noticias extranjeras referidas a la Argentina en diarios locales. Después vinieron las amenazas, el exilio y las muertes de periodistas. Las bombas al diario Noticias, el cierre de publicaciones. Hay un artículo muy interesante sobre esto de Tomás Eloy Martínez, «El miedo de los argentinos» que publicó en ese entonces, cuando tuvo que exiliarse. Timerman, desde La Opinión, enfrentó a López Rega por este tipo de procedimientos. Pero esto lo hizo acercarse a los militares y apoyar el golpe. No imaginaba que después los militares terminarían torturándolo. Después se conocería que lo que había hecho López Rega y la Triple A era una escala menor -o el preámbulo- del terrorismo de Estado de 1976. De todos modos, pienso que la Triple A fue mucho más que López Rega -porque él no tenía todo su control, había muchas bandas autónomas- y a su vez, la Triple A era una organización bastante desprolija e ineficiente, comparado con el plan de represión que tenía preparado la dictadura militar.
-¿Hubo periodistas que apoyaron a la triple A o a López Rega?
-Eran pocos, más allá de Mariano Grondona -que veía con lucidez que LR era el camino hacia un golpe de Estado- los que apoyaban a López Rega. Recuerdo que el actual diputado de Recrear, Hugo Martini, en diciembre de 1974, designó a López Rega «el hombre del año» en la tapa de su revista Carta Política, que él dirigía. En ese sentido, tenían la misma perspectiva que «El Caudillo», que era un órgano de ataque a la izquierda, aunque lo decían de una forma mucho más educada. Pero es indudable que la opción de eliminar a la izquierda cultural, periodística, intelectual -además de la armada, por supuesto- seducía a buena parte del peronismo oficial. Aunque López Rega les resultara desagradable por sus formas, en el fondo había coincidencias, más allá de los matices.
-¿Qué opinás sobre el pedido de extradición de Isabel Perón para juzgar su participación en los crímenes cometidos por la Triple A?
-Me parece útil porque puede aportar nuevos conocimientos sobre cómo funcionó la represión ilegal durante el peronismo. Yo no creo que ella diera instrucciones, pero tampoco impedía el funcionamiento de la Triple A. Y ella ocupaba un rol institucional importante. Era la Presidente. Este es un tema que quedó cercenado en la historia reciente, empalidecido por el horror de la dictadura. Pero si la justicia decidiera que los crímenes paraestatales de ese período -que son alrededor de dos mil- están prescriptos, también sería útil que el Partido Justicialista pudiera disculpas a la sociedad por ese gobierno e hicieran una autocrítica sincera. También habría que reconstruir esa memoria por más dolorosa que fuese. Muchos peronistas y no peronistas fueron perseguidos y muertos durante el gobierno peronista. Y esto, a estas alturas, ya es imposible negarlo. Si mi libro pudiera hacer alguna contribución, ojalá fuese esa.
López Rega – Primera parte
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