El encare es un arte. También puede ser un oficio y hasta una profesión. Por eso hay excelentes y pésimos encaradores. Están los profesionales, aquellos que no dejan pasar ni el más mínimo detalle: ropa, flores, perfume, chicles y cualquier elemento que contribuya a controlar el azar.
Están los chamuyeros, los que van al frente sin que nada importe, frente a quién sea y en cualquier lugar. Esos ganan porque no les importa la verguenza del rebote. Uno de estos puede ser el motoquero o el cadete, acostumbrados a moverse en la calle como un pez en el agua. Son los dueños del piropo callejero, los que distinguen unos pechos torneados en medio de 300 personas caminando en Florida y Corrientes. Muchos porteros también entran en este mote.
El piropeador corre con prejuicio. Todas dicen «no me gusta lo obvio» pero se derriten frente a un «que lindos ojos tenés, hermosa» y terminan abotonadas con la excusa de «me gustó su actitud». No importa si los ojos son negros, verdes o como Droopy. La mentira se anula cuando ambos juegan a creérsela.
El langa las trata bien, como reinas. Se preocupa por que siempre se enteren de que tuvo antes muchas mujeres. Les hace regalos, es caballero, romántico, atento, sabe donde llevarlas a comer y tomar algo. Conoce la noche como nadie, a mucha gente, toma champagne y saluda a todo el mundo. Por supuesto, de pilcha impecable y buen auto. Vive para la joda y la conquista. Conquista desde otro lado. No necesita tanto el chamuyo. Palo y a la bolsa. Se trata de sumar.
También está el encarador falso, ese impostor masculino que disfraza su estrategia detrás de la espontaneidad o la timidez, pero que en realidad tiene todo milimétricamente calculado. Se hace el antihéroe, el pobrecito y hasta el perdedor, pero en el fondo está acostumbrado a ganar como el Barcelona de Messi e Iniesta. Este es capaz de llorar por un trauma de la infancia con tal de conseguir un abrazo. Este fue maltratado, abandonado por sus padres y hasta cornudo. La clave es dar mucha lástima. No tiene escrúpulos ni límites.
Pero si en algo estamos todos de acuerdo en que para la conquista, vale todo. El encare es bilardista: no importa el medio, sino el fin, el resultado. Ahí no hay lírica ni juego bonito. Sólo vale ganar. ¿O acaso existe un excelente encare que no consiga su objetivo?
Un amigo experto dice siempre que lo que nunca falla es la sorpresa. Sorprenderlas nos hace ganar 10 casilleros y arrimarnos más a la victoria. Otra fija que suma mucho es la risa. Hacerlas reir -con cualquier chiste o comentario- sirve más que cualquier otra cosa. Con la risa, ellas se distienden, se aflojan y bajan un poco la barrera natural que tienen constantemente levantada por culpa de los pesados de siempre.
La marca Doritos lanzó una campaña que se llama «aprendamos a encarar» y que consta de diez videos con cámaras ocultas (que se pueden ver en el site wwww.doritos.com.ar). Allí cuatro mujeres muy lindas muestran cómo las encararon en diferentes situaciones reales. Todos los casos fueron analizados por Julieta ?la Cayetina? (la del programa Perros de la Calle de Andy Kusnetzoff en La Metro), que también nos da sus consejos para que el encare y el levante sea más efectivo. Muchachos, háganle caso que la Cayetina sabe!
