Por P.Z.
(Es un mercado curioso el mercado del libro, comenzando por el hecho que los que escriben son en mayoría abrumadora hombres, y los que leen son en su mayoría abrumadora mujeres).
La semana pasada contábamos cómo se espera ?se augura? el despegue definitivo del libro digital y de la impresión por demanda.
Aquellos que descreen de la revolución digital en el libro lo hacen con argumentos que ya se desmoronaron en otras ?revoluciones digitales?. Que leer en un aparato es frío, que no se compara con tener un ejemplar en la mano, que el libro es un objeto que durante 400 años nunca fue puesto en duda, que no es lo mismo que pasó con la música ?donde una misma generación pasó por varios soportes, desde el vinilo hasta el mp3?, que puede ser que sirva en Estados Unidos y Japón pero en la Argentina falta mucho? Y más.
Aceptemos, en principio, la validez de estas cuestiones: hacen al lector en tanto lector. No parecen, por otro lado, que sean barreras infranqueables. Hay otras, mucho más nimias, pero que, sin embargo, implican un tiempo de acostumbramiento mayor.
En un altísimo porcentaje se compran libros para regalar. Altísimo porcentaje: algunas fuentes dicen que se regalan al menos 4 de cada 10 libros. ¿Cómo se regalaría un eBook? El libro se descarga directamente sobre el equipo en el que se va a leer: ¿debería pedirte prestado tu equipo para descargar un título? ¿Te obligo a que entres a un site para descargarlo?
Nadie puede preciarse de tener una buena biblioteca si nunca le robaron un libro. O si nunca le pidieron prestado uno que no volvió. ¿Cómo se prestarían los eBook? Los archivos tienen un DRM que evita la copia. ¿Tendría que prestarte mi lector para que leyeras un libro, es decir: tendría que prestarte todos mis libros? (Quienes leemos en la calle ?bares, colectivos, taxis?, ¿estamos dispuestos a llevar un lector digital que si se te pierde/roban/rompe te deja sin ningún libro?)
Son cuestiones menores ?dos botones de muestra de una lista más extensa?, pero hacen al hábito del lector en tanto comprador. Y en ese punto es donde el mercado debe redoblar sus esfuerzos si espera conseguir una revolución rentable, con perdón de Fidel.
