23 noviembre 2008

San Francisco suena bien

Camino el sábado a la hora de la siesta por San Francisco, entro al Golden Gate Park y escucho a lo lejos unos tambores. No seguían un ritmo en particular y, cuanto más me iba acercando, el sonido era más nítido. A unos trescientos metros de la entrada donde nace la mítica calle Haight (acá nació el movimiento hippie en 1968), un grupo de personas improvisan música con todo tipo de instrumentos. No es un una banda organizada, sino gente común que se junta a tocar cada sábado. Van cayendo con sus intrumentos y sin pedir permiso se suman al grupo. Salen ritmos pegadizos, caóticos, geniales y estrambóticos. Hay bebés y viejos, vaganbundos y gente bien vestida, rastas, mujeres, negros, skaters, padres, madres e hijos y hasta perros. A pesar de los contrastes y las diferencias, se convive y se tolera al otro; una de las marcas registradas de esta increible ciudad. Muchos fuman tremendos porros mientras tocan y el resto nos tiramos alrrededor a escuchar, bailar, aplaudir, dormir despiertos con el aire dulce de la tarde. Cae el sol y varios empiezan a irse tal como llegaron. Ya refrescó y sigo viaje. Los tambores se alejan, pero alguna parte mía se quedó ahí para siempre.

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