1 octubre 2007

La ruta del beso

tapa0x377shkl.jpg

Mañana estará en las librerías un nuevo libro escrito por otro de los periodistas de la nueva camada. Julián Gorodischer utiliza la crónica y cuenta un recorrido atrapante en busca de historias de besos, según sus palabras «exhibidos en Internet como refundación del contacto, besos trabajados en un manual de estudios en la Escuela de galanes y Heroínas de la cadena Televisa, en México, besos reivindicados por la militancia gay, besos dedicados por el devoto al altar pagano de Gilda, besos compulsivos en matinées, y hasta besos rememorados tras encuentros cercanos del tercer tipo en Capilla del Monte, Córdoba…».

Julián ganó el Premio Estímulo de TEA el año pasado, trabaja en espectáculos de Página/12 y colabora en Rolling Stone, entre otras revistas. «La Ruta del beso. Biografía sexual colectiva» (Norma) es su primer libro, aunque una de sus atrapantes crónicas integró la reciente antología La Argentina Crónica (Planeta).

«La idea del libro -explica- era desandar el camino del romanticismo para apropiarse de los verdaderos besos: en el cyberespacio, en los cabarets de despedidas de solteros, en encuentros de solos y solas, en los márgenes del amor…»
-¿Por qué «Biografía sexual colectiva»?
-Porque se trata de reonstruir qué hace la gente con sus besos en sus vidas cotidianas, más ligado al amor contrariado, al rechazo, a la frustración que a un amor realizado y difundido como cliché en postales clásicas. En las distintas crónicas (estructuradas como un largo recorrido temático, no anclado en casos individuales sino en grupos sociales (fans, aprendices
de TV, devotos, actores porno, adolescentes, chateros, etc.) lo que se narra es el deseo alimentado/ interferido por los medios masivos, la adaptación de esas represnetaciones sublimes de una historia amorosa al fango de nuestras vidas reales… Más allá de la imaginería romántica, hay vida…

«Pero a su vez la idea era exponer un work in progress de la realización de la crónica: más ligado a las dificultades y la imposibilidad de concretar que a la exposición de «testimonios y acontecimientos». Por momentos, el objeto se vuelve un fondo y la intimidad del cronista se exhibe para relativizar una mirada objetiva y heroica y hundirlo en el mismo barro que las criaturas que protagonizan los relatos. Hay extremos, como la crónica del chat, en el que el cronista ni siquiera sale de su depto; en otros no va más allá de los límites de su barrio. Se relativiza la búsqueda de lo exótico y lo lejano (canónicos en el género) cuando, por momentos, todo quesa en casa y en familia….»

«Viajé a Rosario (gays), Mar del Plata (vedettes y piquitos), Córdoba (mujeres y ET), Entre Ríos (santuarios) y muchas otras crónicas se ubican en BA (solteras, porno, chat, exhibicionistas de internet, matinées)… La crónica de viaje es siempre temática y el cronista, lejos de avanzar en una búsqueda exitosa, profundiza en la exposición de su falta, su impericia y sus limitaciones, con inspiración en los temas que van surgiendo a partir de la lectura de «La preparación de la novela» (de R. Barthes, pero aplicado a la no ficción)».

Leer Más