17 November 2014

Crónicas de un país adolescente

Alguna vez un filósofo contemporaneo llamado Diego Maradona usó su entonces lucidez para responder una pregunta sobre la actualidad política: “Estamos como estamos porque somos como somos”. ¿Cómo somos los argentinos? ¿Por qué?
En los últimos quince años se han escrito y publicado muchos libros para responder estas dos preguntas, en apariencia simples, pero que en realidad encierran más de 200 años de historias complejas. Pero este libro se distancia del resto por su enfoque original. El periodista Fernando González se propuso contar diez fracasos. Son proyectos argentinos inconclusos de los últimos setenta años y con ese punto de partida, pensarnos como país.

libroado

Desde la Argentina atómica de Richter y Perón hasta la economía controlada por un cepo. Desde la triste Noche de los Bastones Largos a la aeroisla menemista. Desde la capital en Viedma al corralito. Anuncios espectaculares, medidas sorprendentes, proyectos extraordinarios. “El país que se ha propuesto los objetivos más nobles, los más necesarios, los más disparatados y los más inalcanzables. Ese es el País Adolescente”, dispara el autor apenas arranca el libro, que por momentos se torna doloroso e insoportable, pero por otros casi gracioso y hasta tierno. Todo lo que puede producir un adolescente, claro. El libro flota suave entre el ensayo y la crónica periodística en primera persona, como cuando el autor se subió de prepo al taxi en el que viajaba Chacho Alvarez, que acababa de renunciar al gobierno de la Alianza y el país se venía abajo.
Dice Mario Diament en el prólogo: “El país que emerge de la rigurosa crónica de Fernando Gonzalez es un relato de horror disfrazado de comedia costumbrista. Es la historia de un gigantesco derroche de recursos, de dinero, de energía, pero por sobre todo, de esperanza. Y si alguna lección resulta de su lectura, es que ha llegado la hora de madurar”.
Hincha fanático de Racing, Fernando González es el actual director del diario El Cronista, fue Prosecretario de Redacción en Clarín (1996-2008) y redactor especial en la revista Noticias, entre otras cosas ligadas al periodismo.

-¿Cuándo se te ocurrió la idea del libro? ¿por qué?
-Empecé a escribir las contratapas de País Adolescente en El Cronista en 2010. Desde entonces pensé que el concepto debía plasmarse en un libro. Ediciones B pensó algo parecido y me propuso escribirlo el año pasado. Nos pusimos de acuerdo rápido. Elegí estas diez historias pero había muchas más. Y a cada una la enlacé con algún testimonio particular y la reflexión de un referente argentino para reforzar la idea de porqué la Argentina no madura e insiste con sus comportamientos colectivos adolescentes.

-De los 10 proyectos delirantes (o frustrados, en realidad) que contás en el libro, cuál te parece que resume la idea del libro? ¿Por qué?
-Hay dos que me atrapan más que los otros. La bomba atómica de Perón, por la magnitud del desafío (la fusión nuclear controlada en laboratorio aún no se consiguió) y por la maquinaria que Perón puso en marcha sin chequear si el ensayo era posible (ciudadanía anticipada, secretaría de estado, presupuesto propio, laboratorio en isla Huemul y medalla peronista) y también por el modo en que se descubrió el fraude.
También me atrapó el traslado de la Capital a Viedma, por la magnitud del proyecto (es absolutamente necesario un polo de desarrollo en el interior del país) y la ingenuidad con la que Alfonsín creyó que podía concretarlo cuando necesitaba 12 años de desarrollo.

-El haber compartido ese taxi con Chacho Alvarez te hizo sentar en el mismo asiento, literalmente, de la historia contemporánea. Estuviste así de cerca en algun otro momento antes o después?
-Fue una situación de esas que se dan pocas veces en la vida del periodista, de poder estar cerca de los hechos que modifican la historia. Estuve también en el primer viaje de Néstor Kirchner a Europa, donde se peleó con Tony Blair y con Lula delante mío. Fue una experiencia que me sirvió para entender rápido que estábamos en presencia de un líder político muy conflictivo.

En el epílogo hablás de esto de una manera íntima y personal. ¿Crees que como país podremos ingresar definitivamente en la adultez? ¿De qué manera?
-Mantengo el optimismo y las esperanzas. Creo que necesitamos crecer todavía en la gestión de gobierno que consiga hacernos trascender del crecimiento al desarrollo económico. Y también aumentar el nivel de tolerancia, que nos permita el diálogo y el consenso de los diferentes sectores políticos, las políticas de Estado con continuidad y los debates presidenciales que enriquezcan la oferta electoral. Son materias pendientes para superar, de una vez por todas, los peores traumas del País Adolescente.

Leer Más

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *